29 ene. 2018

EL DIA QUE TE CONOCI

De Victor Munguia

Mi mujer acomodó a los nenes en el asiento posterior del carro, les puso el cinturón de seguridad y luego, junto a ellos, me dijo ya vamos.

Había avanzado apenas un par de bloques cuando en el espejo retrovisor ví las luces que me ordenaban detenerme, me hice a un costado, saqué los documentos de la guantera y esperé que los policías vinieran,como es costumbre.

Las caras rojas de esos dos uniformados no me decían nada, simplemente les entregué el seguro, la registración y mi licensia sin pronunciar palabra, lo usual en estos casos era que no me den ningún break, porque soy hispano, y vivo en un barrio que puede ser un ghetto..y así fue.

Después de un largo rato, uno de ellos regresó con el ticket en la mano y dijo algo que ni siquiera respondí, me miró como si tuviera ganas de pelear, mentarme la madre o gritarme fucking spic como seguramente por dentro lo hacía.Ni lo miré siquiera y su rostro se tornó más colorado aún.

Puse el documento en la guantera, voltée a ver a mi esposa y los niños a los que había ignorado durante todo este desagradable incidente y sonriéndoles arranqué con destino a la casa de mi suegra, al cumpleaños de mi cuñada, la menor.

Al instante saqué de mis pensamientos aquellas imagenes y puse una cumbia para ir acostumbrándome? Mi esposa reía, miraba a todas partes y se aseguraba que mis mellizos no se pelearan entre sí, ella decía que el peruano era el más pegalón y pleitista y seguro sería militar, y que el colombiano, calmado y formal, sería diplomático, presidente de la OEA como Gaviria.

Ella gusta demostrar su superioridad intelectual, habla de temas políticos, de derecho y otras cosas, especialmente cuando se encuentra con su hermana Magadalena y su amigo el cubano Vallenas que trabajan en un estudio jurídico en Manhattan.

Allí estaba ese par y sin importarles los mellizos ni yo, su marido, se llevaron a mi esposa hacia la sala mientras yo tuve que saludar a todos los concurrentes reunidos en la parte frontal, disfrutando el jardíin interior que era amplio y lleno de plantas importadas de Colombia.

La música estruendosa invadía los rincones de la residencia de mis suegros, cuando,de pronto en medio de tanta música tropical, irrumpió un tango, cantado por el mismo Gardel, y ví la cara antigua del padre de mi mujer acercarse a una de las señoras, que luego me enteré era prima de mi suegra, y la llevó al medio del improvisado salón de baile, elegante, con estilo premeditado, como si fuera Marlon Brando en el Ultimo Tango en París, parecía ebrio también, y las dos figuras se desplazaron abrazados, cheek to cheek, extasiados en la cadencia de las notas arrabaleras que hablaban de amores perdidos en lunfardo y azotaban terriblemente los recuerdos.

La fiesta interminable seguía desaforada y yo sin despegarme de mis hijos, no brindaba, sonreía a los que acariciaban a mis vástagos, y a las chicas que me acorralaban preguntándome cosas de los mellizos.

Bailé dos veces con mi cuñada, la dueña del santo, y ví pasar a mi mujer del brazo de primos, amigos, y de su hermano, haciendo gestos o diciendo algo sobre los bebes. Me sentí un babysitter sin pago pero me gustaba verla alegre, en copas como ahora, que el aguardiente se le subía a la cabeza y bailaba incansable, nos ignoraba y era feliz.

A veces he tenido la intención de acercarme y besarla, se ve tan bonita cuando está alegre que la adoro más. El viejo de don Salomón, mi suegro, que dice conocer a Gabriel García Márquez, y que su padre había sido funcionario público, en la época del dictador Rojas Pinilla seguía atrás de la prima de su distraida cónyuge y creo que bailaron como diez tangos ante el aplauso de los invitados.

Pensaba, esto en Perú hubiese provocado una bronca tremenda porque el marido de la prima estaba de espectador mudo de este affaire sin decir una sola palabra y brindando como si nada pasara.

Ya era tarde cuando nos despedimos, y con nuestros hijos y mi mujer tuve bastante trabajo para emprender la ruta hasta nuestro apartamento. A ella no le place dormir en ninguna cama que no sea la suya decía a cada instante, me pedía que ponga música , cantaba las rancheras y asi llegamos, al poco rato ya dormía plácida,abrazada a los niños.

Me dí un baño, prendí la tele, y me sorprendió el sueño en el sofá, desperté al mediodía, cuando Norma en bata me besó y dijo gracias.No creí que fueras así,me hablaron mal de los peruanos me confesó, y yo no sabía porqué, me dió otro beso y susurró te quiero..yo también te quiero respondí.

Y desde ese momento nunca más volvió a mencionar a su ex novio en Medellin ni yo recordaba a Natalia porque el pasado había quedado lejos, muy lejos.

19 jul. 2017

RUBI

De Victor Munguía

A mi adorada Kisses.

Cuando Rubí, mi perrita, tenia una semana de nacida Rocío me la dió porque era una de las últimas que quedaba de los cachorritos que habia alumbrado su perra. Tuve mucho trabajo con ella, desde atenderla con biberones hasta sus sueños.

Asi fue creciendo, acostumbrada a visitar al veterinario, al beauty salon para que le den su baño, y a estar los fines de semana conmigo para todas partes. Hasta ese momento, yo no había tenido nadie que dependiera de mi, de mis ingresos, de lo poco que ganaba y ya no queria seguir pidiendo a mis padres para gastar en mi engreída.

En mi trabajo, una tienda de zapatos del centro, en la famosa Via Venetto, pensaba cómo estaría, si mi hermana al llegar de la Universidad la habría atentido y me apuraba el deseo de volver para salir a caminar con Rubi.

Esa tarde, mientras ibamos juntos atravesando el parque en Palao, vi una muchacha que llevaba un Pastor Alemán enorme, Rubí se detuvo y me miró intimidada, la cargué entonces para seguir nuestro camino, por un instante pensé qué haría si el perro ese nos atacaba pero nada de eso sucedió, él y su dueña ni nos miraron y nosotros continuamos el paseo alegremente.

Rocío a veces me pedía que trajera a Rubi y yo la llevaba en mi carro para ir a verla a ella y a la única de las hermanas  de mi perrita que no habia sido regalada. Me quedaba un largo rato conversando con Rocío mientras Rubi jugaba con Princesa. Cuando nos ibamos ya de noche, notaba a Rubi más contenta, como si disfrutara esas visitas.

Dos meses después de mi ingreso a San Marcos, uno de mis profesores me invitó a pasar una prueba para trabajar de reportero en un diario, y obtuve el puesto en casi cuatro días de entrevistas y exámenes. Poco tiempo después dejé la casa de mis padres y me instalé en un apartamento rentado en el centro de Lima, muy cerca al diario.

A veces Rocío pasaba a ver como estaba Rubi, durante mi ausencia, pero pronto logré ser reportero-reportero y salía a la hora que me daba la gana, bastaba apuntar que iba en busca de una noticia, y siempre al final de la jornada tenia carillas largas de reportajes al crimen, el futbol o el espectáculo.

En una de esas tareas fue que conocí a Lily, me gustó desde el principio, era bajita, de lentes, llenita, muy simple, adorable. Era la secretaria de un abogado criminalista muy famoso en esa época, ella me llamaba y saliamos a pasear hasta que nos hicimos enamorados.

Un domingo la llevé a mi apartamento, sin pensar en Rubi que habia pasado a un segundo plano, tanto que olvidé decirle a Lily de la existencia de mi mascota. Cuando estaba abriendo la puerta, Rubi empezó a ladrar, Lily me preguntó: qué es eso? Rubi, mi perrita. Ah, no, no me gustan los animales dijo y se dió media vuelta, la segui y me dijo alli no entro, ella o yo!

Pasaron semanas en que mentí a Lily que habia regalado a Rubi, yo habia hecho el intento de entregarla a amistades o mi familia pero nadie la quería, en el diario me hablaron de los centros de adopción, anoté el teléfono y los llamé, me dijeron que si la iban a aceptar.

Al rato Lily me llamó, esta noche vamos a tu apartamento, no me gusta andar en moteles, es feo. Si le aseguré, sali del diario apurado para ir a recoger a Rubi y entregarla antes que llegara mi novia, la encontré durmiendo en el sofá, a su lado su platito de agua, su colcha y una camiseta que usaba.

Me acerqué para agarrarla, ella puso su hociquito cerca a mi cara, miré todo lo que era de ella, sus juguetes, la recordé pequeñita bebiendo su leche, despertándome, y las lagrimas invadieron mis ojos, quise tomar valor y di un paso afuera con ella cuando apareció Lily, ah mentiroso, gritó sigues con ese animal, no, ella o yo..repitió fuerte mientras se iba.

Volví a mirar a Rubi que parecía darse cuenta de todo, fue un instante eterno, ella o yo, escuché como una tortura, y me oí a mi mismo exclamar Adiós..Lily volteó el rostro, te quedas con ella? No me busques nunca más. Nunca más le confirmé, adiós. Y yo y Rubí entramos a nuestro apartamento, abrazados, sabiendo que esta habia sido una prueba.


5 jun. 2017

ESPEJOS

Dr Victor Munguia

A veces estaba callado, otras veces no me pedían opinión, lo cierto es que siempre había sido dejado de lado por cualquier grupo en el que tomaba parte, como si sería bueno para todo menos para sugerir, decidir o decir algo sobre las cosas que pasaban.

Así había sido siempre, y nada cambió, ni en la empresa donde entré a trabajar apenas terminé la secundaria, y eso me acostumbró a no ser más que un amigo casual, alguien que está allí pero en realidad no está para nada.

Con todo mi repertorio de notas y de historias que recopilaba, me puse a ubicarme en el escenario que había formado, quería saber cuál de todos esos personajes oníricos era yo, quién de ellos me representaba, y me quedé revisando uno por uno qué tenían en común conmigo, y muchas veces llegué a la misma conclusión: nada.

Mary me besaba apasionadamente en esos instantes y yo seguía ensimismado, contemplando mi andar por el mundo, escribiendo y escribiendo vidas ajenas como si nada de la mía importara, vi su cuerpo desnudo en los espejos del techo y alli también volví a sentirme oculto por su cabellera, desaparecido por su abrazo.

Yo soy el espejo de mi mismo me dije, solamente un escribidor, y no tengo mi propia historia, algo que haga mi vida interesante, necesaria, de pronto pensé que si desaparecía de este mundo no le importaria a nadie, que Mary se conseguiría otro amante y que ese otro si podria verse en este mismo espejo donde yo no me veía.

Al vestirnos me quedé contemplando su calzón rojo subiendo hasta cubrir sus nalgas, el sostén apretándose en sus pechos y las sábanas que se quedaban blancas sufriendo otra separación del calor, preparándose a ir a la lavadora y borrar los vestigios del amor.

No quise escribir sobre esto, solo que me sentía demasiado insignificante, como un fantasma, alguien que no forma parte de la circunstancia, y me pareció que Mary tampoco me veía, que se vestía pensando en llegar a casa y yo solo emergía en la escena aquella para guiarla por el camino hasta su puerta donde no me daría un beso, solo me agarraría la mano y me regalaría un nos vemos.

Sin importar mis baches depresivos debo reconocer que siempre estuve apartado del resto, singularizando mis dias, llevando copias de la existencia ajena, fabricando poemas, coleccionando ropa que me hagan lucir como un artista contestatario en un pueblo sin compasión, yo era mi propio amigo, mi fantasma, mi otro yo, y el proyecto de mi sombra. Nada más.

23 may. 2017

Muchachos Apristas

A todos mis amigos y compañeros en las aulas del Club 23 de Mayo CHAP, donde quiera que la vida los haya puesto, en esta fecha imborrable de nuestra infancia. Feliz 23 de Mayo !

De Victor Munguía

Las cosas no son nuestras, dijo El Socialista, y lo observaba apagado en una esquina de aquel salón amplio que era el Aula Magna. Todos lo miraron y alguien respondió que era un pobre infeliz comunista y que no permitiría más su presencia en este recinto aprista.

El grupo de seis muchachos con boinas azules e insignias rojas lo rodearon y El Socialista se quedó allí de pié, tenian intenciones de golpearlo ?, intentaban echarlo del partido ?, de verdad no entendía lo que iba sucediendo aquí. Tomó su maletín de cuero, sus cuadernos y un libro de Sorel que estaba leyendo en momentos que el pequeño grupo lo encarara.

A diario conversaba con Carlin mientras caminaban desde la avenida Arica hasta la Casa del Pueblo, y El Socialista confrontaba sus ideas con las de su vecino, apenas tenían trece años de edad, habían terminado la primaria y se aprestaban a ingresar a un colegio secundario.

El Socialista, por sus notas, iría a Guadalupe y Carlin al Mariano Melgar de Breña. Yo soy aprista, en el norte mi abuelo recibía a Víctor Raúl cuando visitaba Celendín, eran grandes amigos pero el viejo tenía muchos problemas de mujeres, y se fue a vivir a Huacho.

Mi abuelo, nunca dejó de ser aprista hasta el día de su muerte. Nadie en mi familia es de otro partido, somos apristas, por eso soy chapista.El Socialista se reía, es que no puedes declararte aprista porque tu familia lo es, eso es ridículo, mi padre es católico y yo soy ateo, él es de Alianza y yo de la U, no compartimos nada, menos las ideas políticas.

Yo soy socialista porque estoy convencido de lo que aprendi por mi, no porque nadie me enseñara, leí “los siete ensayos” cuando estaba en cuarto y supe que necesitamos un cambio.

De chico mi mamá que lee mucho, sobre todo a los indigenistas, me regalaba en mi cumpleaños solo libros, tuve “El Mundo es Ancho y Ajeno”, “Los Rios Profundos”, lo mismo que “Asi se templó el Acero”de Ostrovski, y “El Jugador” de Dostoyevsky, mi promedio eran de tres libros por semana.

Mis dos padres son apristas, le enrostró Carlin, vengo de un hogar aprista y de verdad me siento orgulloso de eso,soy el heredero de una familia que ha luchado en la clandestinidad, a mi abuelo lo persiguió Sanchez Cerro, mi padre tenia que cuidarse de Odria, mi casa era señalada y los antiguos vecinos murmuraban que mi papá era “búfalo”, nunca se lo decían de frente por temor. El le entra bien al golpe, sabes ?

A mi me dá lo mismo, yo no vivo de la gente. Mis dos viejos son profesores, he leido los libros que hay en mi casa, “El Antimperialismo y el Apra”, “30 años de Aprismo”,y puedo decir que soy aprista porque creo en el aprismo, no solo por mis viejos.

Entraron al comedor, pagaron por el almuerzo e hicieron fila con trabajadores manuales e intelectuales que alzaban sus bandejas, caminando pasito a paso. Me gustan mucho los frejoles, es lo mejor que comes acá, especialmente cuando vienen con pescado, no sé cómo hacen los compañeros para cocinar tan bien.

Yo siempre he almorzado en el restaurante del pueblo, mi mamá solo cocina en la tarde pero la paso bien cuando llegan unos conjuntos criollos con sus guitarras, mi papá dice que él vió a los Embajadores Criollos, aqui, claro que Rómulo era aprista,adoraba a Victor Raúl.

Me gustaría ser aprista, de verdad, pero las cosas no se hacen por el corazón sino por el conocimiento, por la inteligencia, el sentimiento solo lo practico con mi familia y mis amigos.

Tú eres mi amigo, le confirmó mientras saboreaba la sopa, se reian, hablaban de López Albujar, de Arguedas, y se pusieron de acuerdo en Iván Vasov, Carlin le habia prestado “Bajo el Yugo” a El Socialista y lo impresionaron las aventuras del revolucionario Ivan Kralicha.

Estaban ya en el Aula Magna, luego de almorzar, cuando fueron interceptados por ese grupo de seis muchachos, Carlin trataba de interponerse, Asmat lo desafiaba a discutir al Socialista, lo llamaba “rabanito”,tú no tienes lugar en el Partido.

Esto no es para los sirvientes del imperialismo soviético, el compañero jefe ya lo ha dicho “Ni Washington ni Moscú”, si no dejas tu prédica comunista mejor te vas, no has podido aprender nada de nosotros,los apristas. Carlin hablaba pero los más grandes no querian escucharlo, no te metas Carlin, un compañero de la juventud escuchó lo que ustedes hablaban y cómo él hacía propaganda comunista, por eso mejor no digas nada, le advirtió Sivori.

Acompáñenlo hasta la salida, que se vaya. Sí, mejor vete le dijo Carlin al ver que El Socialista no paraba de hablar y queria convencerlos de sus puntos de vista, que era libre y no tenía porqué callarse y que tampoco su presencia en el club 23 de Mayo hacia mal a nadie.

Carlin, se apartó un poco, miró una foto de Victor Raúl, de El Cachorro, de todos los compañeros caidos y se sentó en una carpeta sin más palabras.

El Socialista se fue escoltado por Caballero, que era un grandote que practicaba lucha greco-romana, y aún así no dejaba de hablar, es un loco decían, un imbécil, no le hicimos nada por ti, le dijeron a Carlin.

El Socialista dió un paso afuera, volteó el rostro hacia el Partido del Pueblo, vió tanto, iba a extrañar todo, eso, las lecciones del compañero Garcia, el fulbito, los coloquios, los compañeros, los almuerzos del restaurante popular. Y se fue, solo, triste, culpándose a si mismo de esa soledad.

5 may. 2017

Maruja, la postulante a San Marcos

Escribe Victor Munguía


Maruja había perdido todo el día en la cola para inscribirse como postulante a San Marcos, sin embargo, le pareció que no malgastaba su tiempo y que todo ese mundo de lentes, sombrillas,gestos y actitudes de protesta la atraían en demasía.

Quería ingresar a la Universidad, andar por la ciudad universitaria, almorzar en la "muerte lenta", subir a los "burros", quizá tener un cuarto en la vivienda,un verdadero sueño.

Después de varias horas de conversaciones sobre el Perú, el mariateguismo y las discusiones entre las diversas corrientes políticas, pudo registrarse y oficialmente era postulante al examen de admisión. Estaba preparada y confiaba en ingresar ese año, luego de tanto tiempo que pasó sin decidirse a dar este paso importante en su vida.

Yo era uno de los que compartió esa interminable cola con ella, el único que no participaba en las discusiones y que tenía aspecto de oficinista. Pero, Maruja me hablaba, me miraba y distraía su atención cuando yo escribía en mi cuaderno de versos, la curiosidad la mataba, quería saber que escribía y porqué.

Como en mis verdaderos años dedicados a la música me puse el walkman y escuché rock mientras me transportaba a los escenarios que me vieron cantar, actuar, intentar alcanzar mi fantasía de ser un rockero, y fascinado tarareaba bajito : " We don't need no education,we don't need no thought control".

No la volví a ver hasta el primer día de clases, casualmente, ambos compartimos la misma facultad, y el salón era grande pero no tanto como para evitar el encuentro. Me reconoció, sonrió y yo que ya había olvidado su rostro hice esfuerzos para traerla a mi mente.

Siempre nos saludabamos, ella con sus amigos y yo casi siempre solo o con Bustíos, mi amigo que ahora es juez. Un día, cuando estaba en cuarto año y ya trabajaba en el Ministerio, leí un diario mientras me hacia lustrar los zapatos en el Parque Universitario y ví su foto, estaba con un grupo de estudiantes acusados de subversivos.

Pasaron muchos años de aquellos sucesos, solo puedo decir que me fui del Perú, con una beca y no recordé nada de nada hasta que me enteré de la muerte de "terroristas" en cárceles peruanas, alguien me pidió que firmara un manifiesto de protesta contra el gobierno y alli vi su foto entre las victimas, era ella, la sonriente Maruja, la postulante a San Marcos.